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jueves, 1 de abril de 2010

Haikus. Por Mabel Hernández Aranda

Quien serás, lo sé…
Cómo serás, también.
Un día feliz


Hoy es así:
Te quiero más que ayer.
Estoy feliz.


Estornudo, y
Estoy caliente:
Resfriado es.


¡Qué ocurrencias!
Sólo quieres diversión…
Mala idea.



Las flores nacen,
Los árboles se hacen,
Cuando tú pasas.


Llueve cantidad,
Eso que es verano:
Son mis lágrimas.

viernes, 26 de marzo de 2010

Haikus. Por Mabel Hernández Aranda

Tu y yo juntos.

La noche es clara,

ya se acaba.



Es invierno.

Llueve demasiado.

Ojalá nieve.



Primavera es.

Estamos en las dunas

de Huelva y Cádiz.

jueves, 18 de febrero de 2010

El pasajero. Por Mabel Hernández Aranda

Una tarde en otoño, llegó al pueblo abandonado un viajero que se había equivocado de camino. Llamó dubitativamente a la puerta de la primera cabaña y entonces… una bella doncella, de rubios cabellos ensortijados, un precioso vestido y unos zapatos rojos de charol, le abrió la puerta. El pasajero estaba estupefacto, por la belleza singular de aquella joven. Cuando el pasajero reaccionó, y dejó de pensar, ella ya no estaba. Soltó el equipaje, y rápidamente comenzó a buscarla. Cuando iban por una explanada de albero, el la alcanzó. No dudó en preguntarle cuál era su nombre, pero la joven no respondió. -¿De dónde eres? ¿Es que acaso no hablas mi idioma? La joven lo miró con cara desconcertada y respondió: -Claro que hablo tu idioma. ¿Quién te crees que soy? Que viva aquí, en este pueblo desamparado, donde no puedo hablar con nadie, no significa que no sepa. -¿Dónde estoy? – Preguntó desconcertado. -En un pueblo de Almería, próximo al desierto de Tabernas. -¿Vives sola aquí? –Curioseando. -No, hay unos pocos vecinos más, bueno, y mi perra Maya. –Le respondió. La mirada que se intercambió en ese momento lo dijo todo, era un amor a primera vista. Día a día, semana a semana, mes a mes… se enamoraban más el uno del otro. Un día, el pasajero y la joven salieron a pasear, de repente, él se paró, le miró a los ojos y le propuso matrimonio. Finalmente se casaron y tuvieron dos hijos: Verónica, como ella, y Alfonso, como él.