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domingo, 21 de febrero de 2010
Los muebles vivos. Por Alberto Sánchez Fernández
Una tarde de otoño llegó al pueblo abandonado un viajero que se había equivocado de camino. Llamo dubitativamente a la puerta de la primera cabaña y entonces salió un hombre mayor. El viajero le dijo que si se podía quedar a dormir esa noche. El hombre mayor le dijo que sí, pero que tuviera cuidado. Entonces el hombre mayor le acompañó a su cuarto y en un abrir y cerrar de ojos desapareció. El viajero dejó las maletas en el cuarto. Después al viajero le entró mucha hambre y salió a buscar al hombre mayor y, de repente, miró hacia atrás y vio dos armarios corriendo tras él. El viajero gritaba: “socorro”, y de repente apareció el hombre mayor. El viajero le dijo:
-¡Esta casa esta embrujada! Me perseguían dos armarios.
-Pues yo no he visto nada.
El viajero, desconfiando de sus sentidos, dijo:
-Ah, da igual. Déjalo, ¿tienes algo para darme de comer?
-Si, te daré una sopa bien calentita.
El viajero terminó de comer y se fue a su cuarto. Se acostó en la cama y entonces empezaron a abrirse y cerrarse las ventanas del cuarto y los muebles le decían:
-Vete de aquí o, si no, prepárate para morir.
El viajero empezó a correr por los pasillos y los muebles del cuarto le perseguían.
De repente se encontró con el hombre mayor y le dijo.
-Mire los muebles: me están persiguiendo.
-Yo no he visto nada. Tienes que ir al médico.
-Más bien tendrá que ir usted, porque está ciego. Yo me voy de aquí porque no quiero que me persigan otra vez los muebles.
Entonces el viajero se fue y ya no volvió más por allí.
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Alberto Sánchez Fernández,
relato
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